{"id":350,"date":"2018-10-30T03:57:00","date_gmt":"2018-10-30T03:57:00","guid":{"rendered":"http:\/\/nastacloud.com\/demo\/fundacionluisanderson\/?p=350"},"modified":"2018-11-21T03:28:35","modified_gmt":"2018-11-21T03:28:35","slug":"el-negro-anderson","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fundacionluisanderson.org\/index.php\/2018\/10\/30\/el-negro-anderson\/","title":{"rendered":"El \u201cNegro Anderson\u201d"},"content":{"rendered":"<p>Sentado en una silla de barbero, acical\u00e1ndose un voluminoso afro que portaba en la cabeza, es una de las tantas im\u00e1genes que guardo en la memoria de Luis Anderson. Creo que esta, en particular, ha logrado asentarse con cierto grado de prelaci\u00f3n con respecto a otras. Esto quiz\u00e1s se deba al hecho de que aquella tarde, en esa barber\u00eda, muy concurrida por la \u00e9poca, ubicada en el barrio San Miguel,\u00a0 habitado principalmente por paname\u00f1os de ascendencia antillana, fue la primera vez que Luis y yo nos cruz\u00e1bamos un saludo en un entorno tan coloquial. Ciertamente, nos hab\u00edamos visto anteriormente, en varias oportunidades. Pero nuestro encuentro esa tarde de inicios de la d\u00e9cada de 1980, fue la antesala de otro que tendr\u00edamos poco tiempo despu\u00e9s, ya en un plano formal, pues habr\u00eda de corresponderme transmitirle una solicitud trascendental del movimiento social afropaname\u00f1o de aquel entonces. Se trataba de que nada m\u00e1s y nada menos que el\u00a0ampliamente reconocido y respetado dirigente sindical, como en efecto ya lo era Luis Anderson, presidiera el Primer Congreso del Negro Paname\u00f1o, un acontecimiento sin precedentes, en la historia del pa\u00eds.<\/p>\n<p>Esa tarea que se me encomend\u00f3, a mis entonces escasos 28 a\u00f1os edad, ha sido una de las m\u00e1s gratificantes realizada en mi vida. En una sola sentada, y habiendo explicado en sus contornos m\u00e1s generales el sentido y los objetivos del congreso que se ten\u00eda previsto organizar, Luis Anderson, sin titubear, acept\u00f3 asumir la propuesta. El dirigente sindical cuya participaci\u00f3n en el proceso de negociaci\u00f3n de los Tratados Torrijos-Carter hab\u00eda sido cardinal para\u00a0 la salvaguarda de\u00a0 los intereses de los trabajadores paname\u00f1os de las bases militares norteamericanas de\u00a0 la antigua Zona del Canal, ahora se colocaba al frente del c\u00f3nclave m\u00e1s representativo que desarrollar\u00eda la poblaci\u00f3n afropaname\u00f1a, en su devenir hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>El 1\u00ba Congreso del Negro Paname\u00f1o obedec\u00eda a una necesidad real y palpitante de una parte de la sociedad paname\u00f1a. Fue el resultado de un proceso de acumulaci\u00f3n de sostenidas luchas de distintos sectores organizados de la poblaci\u00f3n afropaname\u00f1a, quienes de una forma u otra intentaban brindarle alg\u00fan tipo de respuesta a las variadas expresiones de la cuesti\u00f3n \u00e9tnica y racial en el pa\u00eds, con el entendimiento que, en efecto, \u00e9ste era (y sin duda lo sigue siendo) un asunto trascendente para hombres y mujeres cuya ciudadan\u00eda plena, hist\u00f3ricamente, ha tenido que sortear un mar de dificultades, por raz\u00f3n de su genealog\u00eda africana.<\/p>\n<p>Recuerdo el ambicioso temario que se impuso el Congreso. Las discusiones pasaron por temas como: Los aportes del negro a la cultura nacional; el negro y las luchas socio-pol\u00edticas en Panam\u00e1; Antillanos y Coloniales; problemas del trabajador paname\u00f1o en las \u00c1reas Revertidas y militarmente ocupadas en la franja canalera; las relaciones del negro paname\u00f1o con otras minor\u00edas raciales; y la lucha internacional contra la discriminaci\u00f3n racial y el apartheid.<\/p>\n<p>Una mesa directiva, con distinguidos dirigentes afropaname\u00f1os(as) fue integrada para guiar las sesiones. Como vicepresidentes actuaron: Gerardo Maloney, destacado soci\u00f3logo, poeta y cineasta; Graciela Dixon, para entonces una muy sobresaliente voz en pro del movimiento popular; Eugenio Barrera, valeroso impulsor de la Marcha del Hambre de Col\u00f3n; Woodrow Bryan (+), fogoso dirigente popular forjado en las bananeras de Bocas del Toro; Harley James Mitchell, ahora exmagistrado de la Corte Suprema de Justicia; Karl Austin, un muy prestigioso galeno e investigador; George Fisher (+), quien entre otros cargos p\u00fablicos hab\u00eda fungido como Agregado Laboral en la Embajada de Panam\u00e1 en Washington, D.C.; Luther Thomas (+), para la \u00e9poca, miembro del Bur\u00f3 Pol\u00edtico del Partido del Pueblo; y George Priestley (+), prolijo acad\u00e9mico e investigador social. El desaparecido Dr. Di\u00f3genes Cede\u00f1o Cenci, insigne ex Rector de la Universidad de Panam\u00e1, fue el Presidente Honorario de la hist\u00f3rica reuni\u00f3n.<\/p>\n<p>Ese fue el elenco junto al cual se coloc\u00f3 Luis Anderson; \u00e9l lo presidir\u00eda, con plena convicci\u00f3n de que un congreso de negros era un asunto de inobjetable pertinencia, en esa etapa de desarrollo de la naci\u00f3n paname\u00f1a.<\/p>\n<p>Tres d\u00edas de enriquecedores debates, y una gama de resoluciones adoptadas por los participantes en ese Congreso, marcaron la ruta del movimiento social afropaname\u00f1o en los a\u00f1os que se sucedieron, y sentaron las bases para el 2\u00b0 y 3\u00b0 Congreso del Negro Paname\u00f1o, celebrados en septiembre 1983 y noviembre 1988, respectivamente.<\/p>\n<p>Creo que todos los que conocimos a Luis Anderson en la cercan\u00eda, siempre supimos, sin atisbo de duda, que ese cabello afro que siempre luci\u00f3 con un toque personal inconfundible, era un\u00a0 s\u00edmbolo\u00a0 de autoafirmaci\u00f3n identitaria.<\/p>\n<p>Pues as\u00ed, consecuente con aquel simbolismo que expresaba su cabello natural, frondoso; el mismo que se acicalaba esa tarde, de grata e inolvidable recordaci\u00f3n para m\u00ed, Luis Anderson prestigi\u00f3 con su figura p\u00fablica de talla mayor, ese importante esfuerzo organizativo de sus cong\u00e9neres paname\u00f1os de piel oscura, que buscaban caminos de avance hacia mejores d\u00edas.<\/p>\n<p>Con el pasar de los a\u00f1os, mi relaci\u00f3n con Luis Anderson se fue fortaleciendo. En lo personal, siempre lo llam\u00e9 por su nombre de pila. Pero al cabo de un tiempo, tom\u00e9 conciencia que para buena parte del movimiento sindical Internacional donde \u00e9l se desenvolvi\u00f3 hasta su \u00faltimo aliento, era \u00abEl Negro Anderson\u00bb -fueron much\u00edsimas las ocasiones en que escuch\u00e9 ese apodo-\u00a0Siempre percib\u00ed en esa frase el cari\u00f1o, amor, y respeto que sus compa\u00f1eros y compa\u00f1eras le dispensaban a un gran ser humano, que siempre se reconoci\u00f3 a s\u00ed mismo en la profunda dimensi\u00f3n de su identidad \u00e9tnica, al cual mantuvo un apego irreductible.\u00a0 Raz\u00f3n no les faltaba, a todos aquellos que le colgaron ese patron\u00edmico, que ahora he tomado prestado como t\u00edtulo para esta breve remembranza de un Hermano mayor.<\/p>\n<p><strong>Alberto S. Barrow N. Panam\u00e1<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sentado en una silla de barbero, acical\u00e1ndose un voluminoso afro que portaba en la cabeza, es una de las tantas im\u00e1genes que guardo en la memoria de Luis Anderson. Creo que esta, en particular, ha logrado asentarse con cierto grado de prelaci\u00f3n con respecto a otras. 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